La Mona Diaries: Por un Favor

Este es otro capítulo de La Mona Federal Credit Union. Son tantas las cosas que pasan todos los días, que muy bien amerita un blog aparte. Pero este es mi mundo, y lo que pasa en La Mona Federal es parte de él. Estas son las cosas que pasan cuando uno se presta a hacerle un favor a alguien que en situaciones que lo ameritan, solo intentan salvar sus propios pellejos.

Eran las 6:30 am. Iba temprano , tal y como lo había planificado. Tenía en mente adelantar varias cosas antes de la reuinión de staff a las 7 am. Quería adelantar una documentación de un proyecto que tengo que cerrar esta semana. Quería echar a correr un proceso que crea un archivo de texto que contiene todas y cada una de las transacciones del mes de octubre. Un proceso que usualmente toma más de 1 hora en terminar. Esperaba poder terminar esto antes de las 7.

Pero recibí una llamada, de un compañero. Me dijo que una de las que trabaja en contabilidad lo ha estado llamando toda la mañana y dejándole mensajes a su celular. Él sabía el motivo de la insistencia de ella. Se supone que él le dejara una laptop preparada en uno de los cubículos que nadie usa, pero lo había olvidado el día anterior. Esto se hace cada vez que hay reunión de staff, ya que ella corre unos procesos de contabilidad temprano en la mañana. Luego de explicarme las veces que la señora lo había llamado y de cómo él deliberadamente la ignoraba, me pidió de favor que le diera a ella la laptop que ella usa. Estaba en nuestra oficina (a la que solamente nostros tenemos acceso para entrar), y me dijo dónde debía colocarla. Me dijo también que él ya habia comenzado casi todo el checklist de la mañana, solamente faltaba recibir un archivo de balances de tarjetas de crédito, a ver si yo podía hacerlo.
No me negué a ninguno de sus favores. Tan pronto llegué hice exactamente lo que me pidió. Busqué la laptop, y la dejé en el escritorio de la esquina. No había nadie. Regresé a la oficina y recibí el archivo de balances y lo procesé. Luego empecé con lo mío. Ya no me daría tiempo para actualizar la documentación, pero sí para echar a correr el proceso que me genera el archivo con las transacciones echas en octubre en La Mona Federal. Mientras hacía esto, recibo una llamada de una muchacha de contabilidad.

-“Buenos días, quién me habla?”

-“Buenos días, es Luis”

-“Luis, es para buscar la laptop en la oficina…”

-“Pero yo la dejé en el cubículo…”

-“Ah, ok… gracias.”

Nada, que ya casi eran las 7, y decidí subir al 3er piso antes de que se llenara y conseguir un buen asiento. Me pideron ayuda para montar la computadora y el proyector y mientras lo hacía, vino la señora de contabilidad a decirme que no logró conectar la computadora. No sabía qué decirle, pues estaba en medio de algo. Le dije que llamaría a mi compañero, el mismo que me pidió que le hiciera el favor de llevar la laptop. El aún no había llegado a La Mona, pero me dijo que tan pronto llegara lo iba a verificar. Antes de terminar la llamada, veo que la señora sale con nuestra supervisora. No le di mucha importancia, pero sabía qie eso significaba problema.

Termina el aburridísimo staff meeting y el desayuno. Cuando me retiraba del conference, me para mi supervisora

-“Luis, tu llegaste a las 6:30 hoy?”

-“Ehh, si, más o menos…”

-“Es que ella llegó a las 6 de la mañana y no había podido trabajar. se supone que la computadora estuviera lista cuando ella llegara…”

-“Bueno es que me llamaron en la mañana para pedirme de favor que colocara la computadora en el escritorio…”

-“Se supone que la computadora ella la encuentre lista en la mañana.”, me interrumpió. ”Ella llama el día antes precisamente para que se le prepare con anticipación. Se supone que se asigne un IP y se pruebe que pueda entrar al internet y subir todas las aplicaciones que ella usa…”

De pronto dejó de importarme todo lo que decía… Tenía tantas preguntas. Cuáles eran las aplicaciones que debía probar? Donde estaba ella cuando dejé la laptop en el escritorio? Por qué no se me notificó esto a mi? Cuando ella se la lleva a su casa, quién le verifica todo eso? Quién se la conecta?

Por qué me estaba reclamando todo esto a mi? Yo solamente estaba haciendo un favor…

Como no valía la pena entrar en detalles, empecé a decirle que sí a todo lo que me decía después de eso. Espero que me haya creido. O al menos que se haya dado cuenta de que no me importaba, que quería que se callara, para irme del salón de conferencias.

No faltó el jalón de orejas por e-mail. Nos envió un e-mail a todos explicándonos lo mismo que me había dicho a mi. Tampoco faltó su única forma de explicar que no solo era dejarle la computadora encima del escritorio, sino conectarla y hacer todo el chequeo, ya que ella no sabía conectarla. Lo leí, y por ahí mismo lo cerré. Nunca me había pasado esto, y creo que muy pocas veces me volverá a ocurrir.

La lección que aprenndí? No volver a contestar mi teléfono celular antes ni después de mis 8 horas de trabajo. Y quizá tampoco durante el trabajo. En casos como este, la responsabilidad debe recaer completamente sobre (valga la redundancia) el responsable que no hizo las cosas como las debía hacer, y no sobre un pobre tonto que pensaba que estaba haciendo una obra de caridad para luego ser el culpable de que una cincuentona que nunca ha tenido una computadora en su casa no pudo hacer su trabajo.

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