Sin título

Nunca me acostumbré a estar sin ti. Tu inesperada partida me dejó vulnerable, sin idea. Y lo peor de todo es que no tuve la oportunidad de decirte cuánto te amaba, de decirte lo feliz que fui contigo todos estos años, de pedirte perdón por los malos ratos que pasaste por mi culpa, de agradecerte que permanecieras a mi lado en todo momento.

Las paredes eran testigos de todo lo que te extrañé. Gritaba tu nombre, te decía cuánto te amaba, te pedía perdón…sentía que aún te paseabas por la casa, pues aunque ya no estabas, para mi te encontrabas a la vuelta de cada pared, viéndolo todo, escuchándolo todo, escuchándome a mi. Muchas veces lancé la pregunta al aire: Por qué te fuiste? Dios mío, por qué te la llevaste? Muchas veces soñé contigo, soñé que estabas en mis brazos, que no existía lugar, solamente eternidad. Te soñé con vestidos blancos hermosos, y con esa única sonrisa de la que me enamoré hace tantos años.

Te quería de vuelta conmigo. Ya nada importaba. Mi tema preferido era aquella tarde en la que nos conocimos. Ahí comenzaba mi historia. Desde la revista que te compré en la plaza, la perdida que me di para llegar a tu casa, el día de nuestra boda, el hogar que construimos, los hijos que tuvimos, la felicidad que vivimos…hasta aquel nefasto día en que se cegó tu vida para jamás volver a escuchar tu voz. Siempre pense que sería yo el que primero partiría de aquí. Era egoísta pensando que al morir yo primero me evitaría el dolor y la pena de pasar por el sufrimiento de perderte a ti. Pero la vida tenía otros planes. Al contar tu historia – nuestra historia – sentía que terminaba ahí. Sentía que ya no había mas nada que contar.

Y ahí estaba yo. Cada día empeoré más. Cada día valía menos, y solamente podía pensar en ti. Escuchaba tu nombre dentro de mi cabeza como un eco sin final. Me inundaba de recuerdos bonitos…los no tan bonitos los había olvidado, los había querido olvidar, solamente quería recordarte feliz. Todo fue lindo, desde el principio, y fuimos muy felices. La frase "..y vivieron felices para siempre.", con la que suelen terminar los cuentos de hadas, era apenas el principio del amor eterno que nos juramos delante de Dios aquella tarde en el balcón de tu casa.

Sin poder levantarme, y sin importarme que estoy rodeado de paredes, miro a lo lejos y en el vacío solamente te veo a ti. Te veo vestida con trajes blancos, rodeada de luz, sonriendo como el primer día que te conocí, tan hermosa como siempre lo fuiste. Todos estos años, en mi mente esperaba encontrarte al entrar a la cocina o al ir a la sala, pero ahora me doy cuenta que para estar contigo, tengo que irme de aquí. Me doy cuenta de que la historia que yo tanto contaba sobre nostros no terminaba el día en que te fuiste, sino el día en que ya nos hayamos ido los dos, como aquél corto poema que decía:

Qué hermoso este amor […]  que sólo muriendo

morirá con nosotros… algún día.

Ya es tiempo. Las paredes se derrumbaron como si fueran de arena. EL ruido del mundo se apagó, pero tú seguías ahí. Sentí que una sonrisa se dibujó en mi boca mientras todo se ponía oscuro, y me dejé llevar, para estar contigo en un lugar donde el ‘donde’ y el ‘cuando’ no existen. Solamente tu, yo, y la eternidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s