La Creída, el Bocón y la Tonta

Ir a Marshalls puede ser una experiencia buena, o una extremadamente mala. Para la experiencia buena tenemos los buenos precios que se consiguen en ropa interior, zapatos, la infinidad de artículos para el hogar, y  los perfumes. Por otro lado, dependiendo del Marshalls y de la tienda (y de la gente), la experiencia puede ser todo lo contrario. El área de los zapatos puede ser un reguero infernal. Las góndolas que hay en la fila tienen un revolú de accesorios para Ipod/Iphones que nadie parece comprar por que siempre están allí. Los calzoncillos, jockstraps y demás ropa interior masculina brillan por su ausencia cuando abres las cajas… Se siente uno como en un pulguero o un garage sale, rebuscando entre los casquibaches algo que esté en buenas condiciones, sea de nuestro size, y que la caja o empaque no estén rotos.
Pero en una visita a Marshalls, nada se compara con la gente. La gente es la que hace a Marshalls, Marshalls. Desde mujeres en dubi chancleteando por las góndolas de ropa interior con la barriga por fuera mostrando la pantalla en el ombligo y el tatuaje de la mariposa violeta y rosa en el coxis, hasta doñas rubias estiradas que aguantan la ola de su pollina con spray de beauty, caminando con el carrito lleno de envases gigantes y espigas de decoración y jaboneras hechas de nácar. EN fin, que cada cual es un personaje digno de observación.
La Creída
Estaba yo en el Marshalls de Plaza Río Hondo. Ya eran las 8:45 PM. El personal ya había anunciado por los speakers que las puertas se estarían cerrando el los próximos minutos, que por favor, hiciéramos nuestras selecciones finales para dirigirnos a las filas y pagar. Una de las empleadas bajaba la puerta que daba hacia dentro del mall, cuando un don cincuentón se le acercó y le dijo algo que al momento no presté atención.
"Ya estamos cerrando. Tengo que cerrar esta puerta.", le dice ella.
"Pero es que todavía no son las 9.", Le contesta el señor, con un tono calmado, aunque preocupado.
"Lo siento señor. Tenemos que cerrar." Insiste la empleada.
"Pero…por dónde puedo salir entonces?"
"La puerta del estacionamiento permanecerá abierta para que los clientes puedan salir." Le dice la muchacha que, al ver que el desespero del señor, aún no había bajado la puerta completamente.
"Mira, es que mi esposa está comprando algo, ella está en la fila y ya está por terminar, por favor, ya ella debe venir por ahí…" La muchacha no respondió nada, evidentemente sintiendo empatía con el señor, aún no había bajado la puerta. Tenía cara de que no sabía qué hacer. Algo le decía que esperara a la esposa del señor, pero por otro lado algo le decía que debía cumplir con su trabajo y cerrar la puerta. El señor, desesperado ya, llama a su esposa que estaba en la fila y le grita desde la puerta "Mira! Que están cerrando ya! Nos tenemos que ir! Nos cierran aquí y tenemos que dar la vuelta por el parking…!" Su señora ya estaba pagando. Su semblante no reflejaba la desesperación de su marido. Ni siquiera lo miró y le dijo con un tono frívolo y contundente:
"Que esperen."

Toda empatía que pudo haber comenzado a sentir la empleada por el caballero se desmoronó con la respuesta de su señora esposa, pues ahora sí, sin pensarlo dos veces, dejó cerrar la puerta de Marshalls que salía al mall.

El bocón

Era uno de esos días en que entré a Marshalls 20 minutos antes de la hora de cierre. Esta vez, el Marshalls era el de Caparra. Tenía un hambre bestial y un cansancio de los mil demonios. Acababa de salir del trabajo y había esperado casi hora y media a un amigo con el que me encontraría en el mall. Con la esperanza de que luego comería algo, esperé pacientemente en lo que mi amigo diera su vuelta en la tienda y comprara lo que fuera a comprar. Tenía como 4 cosas y al hacer la fila, me pidió de favor que se las aguantara mientras se iba a ver otra cosa.
A la fila llega un muchacho hablando por celular. Lo escuchaba desde lo lejos. No presté atención a lo que decía cuando llegó, pero luego era inevitable. Con su tono de voz podían escucharlo hasta en los probadores.
"SI….ESTOY EN MARSHALL…CONSEGUI PAL DE POLOS PA PONELMELAS PAL PULGUERAZO… ACHO, QUE SI VOY! VOY DE CALLE….MERA….ESTAA ESTABA A TAL PRECIO….OTRA DE TAL COLOR A TAL OTOR PRECIO…"
Por alguna extraña razón que al día de hoy aún no entiendo, sentía al individuo hablándome en la nuca. Tuve que mirar hacia atrás para verle la cara. Era joven. Trigueño. Gordo. Ropa ancha. Cafre. Feo.
"MERA….TE DEJO… TA BIEN….HABLAMOS DESPUES…. BYE…"
Y yo feliz de la vida que haya terminado. Aún tenía la manía de que lo sentía respirándome detrás de las orejas. Por qué se me pegaba tanto? Tuve que mirar de nuevo. Estaba cerca pero no tanto. Creo que lo sentía así de cerca por lo feo que era y lo alborotoso que era y el odio que le cogí en menos de 5 minutos. Ah, y por el mal humor que me da cuando tengo hambre.
Pero para mi desgracia, no hizo más que enganchar, y comienza a marcar otro número en su celular. Pero la maldita fila como que no quería avanzar.
"HOLA MI AMOR….COMO ESTÁS…COMPRANDO PAL DE CAMISAS….PAL PULGUERAZO….A VEL SI CONSIGO ALGO PA TI…….    …………….   ………………. VAYA MAMI…. ESOS LABIOS TUYOS….TOY LOCO POR PROBARLOS….TU SABES QUE SI…."
Abrí los ojos por lo indiscreto de sus comentarios y lo miré, aparte de que, nuevamente, sentía que el desgraciado me hablaba en la nuca y me incomodaba sobremanera escuchar  cómo enamoraba por teléfono a una muchacha que seguramente era igual de alborotosa y cafre que él. No entiendo cómo alguien puede gritar a los 4 vientos que va a ir al pulguerazo y mucho menos decirle a la novia que va a comprarle algo de ahí, con el orgullo que él lo decía.
A todo esto, llego por fin a la cajera, dejando atrás al bocón ridículo hablando de labios y regalos baratos del pulguerazo. Lo peor de todo fue que me di cuenta que el cabrón salió primero que yo de la tienda.

La tonta
Esta última anécdota fue en Marshalls de Santurce. Por alguna razón tenía hambr eese día también. SI mal no recuerdo, también acababa de salir del trabajo. Estábamos mi amigo y yo en la fila de layway. Solamente habían como 4 personas. Frente a nostros, había un muchacho flaco y pequeño hablando con una muchacha. Me di cuenta de que ellos no estaban juntos y que habían montado conversación en la fila. El muchacho hablaba añadiendo un tono de drama a lo que decía. Me di cuenta tambien de que era medio afeminado.
"No, si es que yo te digo, yo te juro a ti, que si a mi yo salgo alérgico a los mariscos, me vuelvo loco!! Por mi madre que si eso me pasa, o sea, que me tomo una benadryl antes de comer! O sea hello, yo vivo frente al mar!! Tu me endientes? A mi me encantan los camarones, las langostas, el pescado, todo eso!"
Que sea medio afeminado, no es problema. Pero que sea una loca histérica, sí lo es. Esta loca no sabe ni lo que es King Crab, pensé.
"Mira, te cuento..Una vez, yo comí langosta, verdad, entonces la mano se me hinchó, se me puso violeta, y yo dije NOOO!!"
De pronto dejé de prestarle atención. Vinieron unos nenes locos sin supervisión corriendo despavoridos por el pasillo.
"A mi? Muchacha a mi me encanta cocinar. O sea de que me paso comprando calderos, ollas, todo eso. Y de colores diferentes. Es que cada uno lo uso para cosas distitnas. Te digo, me fascina la cocina. Es que yo quisiera que tu vieras mi cocina. O sea, de que la tengo decorada así, estilo country, con las ollas y los sartenes guindando de la pared y del techo, ay me encanta. Es más mira, aquí tengo en layway una olla de barro, por que a mi me encantan las sopas de cebolla,Y las sopas de cebolla se hacen en esas ollas. Porque esas ollas de barro son para hacer todas esas recetas francesas, y a mi me encantan esas recetas. Las he hecho en otras ollas pero no quedan igual, deben ser en estas de barro especííficamente. Tienen que ser ahi, y salen buenas…mira esta, la que me voy a ccomprar aquí, me salió en 70 pesos , y de aquí voy yo a hacerme una sopa de cebolla…"
Definitivamente la loca estaba en un trance. Me vi cayéndole encima para abofetearla y decirle "Loca! Cállate!! Jíbara!". Pero le tocó su turno en la fila. La doñita de Layway le preguntó algo sobre la olla, y por ahí empezó de nuevo.
"Mira, es que en esas ollas de barro yo hago unas recetas francesas y la tuve que poner en layaway porque yo las había visto en otro lado pero no tenia los chavos pero entonces dije déjame pasar por aqui y que se yo, y las veo, digo, no son del mismo color, porque  como le estaba diciendo a ella, yo teng mi casa decorada estilo country, tengo las ollas guindando en la pared y quería una roja pero no la encontré pero entonces vine aquí y encontré estas que mas o menos se parecen y las puedo combinar. Pero déjame decirte que pasé un trabajo! estas ollas de barro casi no se consiguen…"

Mi amigo se acercó a mi y me dijo "Esas ollas no son de barro…son de cast iron…"

Miramos al muchacho agarrar la olla con dos manos, frente a el, como Macuca cargando la batería de carro, sin poder, caminando entre la gente con su fantástica y fabulosa olla de barro, la que de seguro guindará en la pared de su cocina country style para hacer recetas francesas y sopas de cebolla.

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Un pensamiento en “La Creída, el Bocón y la Tonta

  1. Hello Luis! La verdad que cada vez que leo este relato me muero de la risa y mas cuando yo era el que te acompañaba y se de la histeria de cada uno de los personajes. Sigue y escribe mas, que se que tienes muchas historias mas, y mas jocosas aun, porque si que te he dado Marshall's por un tubo y siete llaves en este ultimo mes. Adelante eres bueno en esto! Un abrazo…

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