El pan nuestro

Stress. Nos encanta esa palabra. Tengo stress. Siento tensión. No hacemos más que levantarnos en la mañana y ya estamos cargados de problemas. Esta mañana al preparar mi ponchera me encuentro con el envase de cristal que se rompió cuando se me cayó la ponchera anoche. El envase no estaba vacío. Tenía una pechuga de pollo picada en pedacitos. El envase era parte de un set que me compré en Costco, y yo detesto tener sets incompletos. Con el mismo amor, tuve que botar las trizas del envase ( y de la pechuga). Ni modo.

Al salir a la marquesina veo que una de mis perras estaba en el balconcito. Ella sabe que me molesta que esté adentro. Intentó apresurarse por el huequito entre la reja, pero se encontró con el nudo de alambres que yo me tomé la molestia de amarrar la semana pasada para que ella no entrara… Con el rabo entre las patas, los ojos tristes y asustados y el hocico llegando al piso, se tira de la baranda  y me mira con miedo mientras pierdo el tiempo regañándola, diciéndole que se vaya.

Pero ya se me hace tarde. Las clases comenzaron esta semana y los tapones se cuajan temprano, así que no puedo perder el tiempo con la perra.

Al abrir el portón de la entrada, miro cuidadosamente si el sapo que creí haber matado ayer con el mismo portón estaba por ahí. Al parecer se había ido (o se lo llevaron los perros). Miré bien, que no fuera a estar cerca y me brinque encima o me mee en represalia por haberle pasado el portón por encima. Odio los sapos.

En el semáforo frente al supermercado Ralphs (que nunca funciona) hay que ponerse a cabrear para poder cruzar. Los que vienen del pueblo y los que vienen de la 31 cada cual sigue su vía libre sin darle paso a los que vienen de mi ruta. Bocinazos, frenazos y maldiciones son la orden de la mañana en esa pequeña intersección.

Ya en la autopista, al ritmo de Above and Beyond, intento prepararme mentalmente para lo que viene. No debe pasar mucho, pues en Juncos ya estaba en un pequeño tapón. A lo lejos viene una ambulancia  en mi carril con los biombos prendidos. Todos los carros intentaron darle paso moviéndose a la orilla. Luego de pasar la ambulancia no faltó el listo que quiso aprovechar el espacio que dejaron los carros para avanzar en el tapón. Una loca que iba por el carril derecho intentó aprovechar ese espacio, prácticamente tirando su carro encima del mío en el proceso. No pasan 5 minutos del tapón cuando veo que una mujer en una Montero se estaba moviendo al carril izquierdo muy lentamente sin poner señales. Llegó el momento en el que estaba corriendo entre ambos carriles, y parecía que se estaba cambiando de nuevo a su carril. Sin poner la señal, vuelve de nuevo a moverse al carril izquierdo, también tirando su carro encima del mío en el proceso. Pensé que un bocinazo la haría entrar en razón y que se cambiaría a su carril, que quizá no se había dado cuenta de la brutalidad que estaba cometiendo, pero no.

Pan nuestro de cada día.

Sigo mi camino por el carril reversible y una Land Rover blanca no se me despegaba del baúl. Trataba de acelerar y dejar distancia pero era imposible. Siempre terminaba justo detrás de mi.

Me deshice de la Land Rover, pero ya estaba llegando a mi trabajo. AL salir de la autopista, en el semáforo de la Chardón, está en primera plana de Primera Hora la noticia “¡MATÓ A SUS DOS HIJOS!”

Lo primero que pasó por mi mente fue, “Quien? Quien? La mamá de Lorenzo mató a otra de sus nenas?”, así que tan pronto enciendo mi computadora entro a www.primerahora.com a ver la noticia de primera plana para encontrarme con la tragedia de una madre desquiciada que en un arrebato de cólera por una discusión con su esposo apuñaló a sus hijos de 1 y 3 años. Mientras, en otra noticia relacionada, un oficial de la policía relata que nunca se había encontrado un caso en el que haya visto un bebé con las vísceras por fuera.

Abrumado por esta tragedia (y por todo lo que vengo arrastrando desde que me levanté), cierro esa noticia sólo para encontrarme más noticias de Maripily, Lorenzo, Luis Fortuño, Willy Miranda Jr., y de qué se yo cuántos asesinatos más.

Apenas eran las 7 de la mañana. El día apenas comenzaba.

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