La tragedia del palo y el Civic

Como de costumbre, volví a abandonar este blog.  Mi bloqueo es algo que nunca he escondido, pero, aunque parezca increíble, trato de superarlo todos los días, espulgando mi cabeza tratando de encontrar una buena idea digna de sacarle punta para escribir aquí y por lo menos tener alguna bobería nueva para decir.

Pero bueno, si hasta en el periódico leemos una bloggera hablando sobre la pérdida de tiempo que es ver novelas de televisa (aunque haya confesado haber visto unas cuantas que eran “diferentes”), por qué yo no puedo escribir alguna bobería que signifique algo para mi? Y lo mejor es que lo hago gratis! Digo, porque me imagino que a ella le pagan por escribir de sexo y que no le gusta ver novelas.

Anyway. Este letargo tiene justificación (o excusa diferente?) Sí, es verdad, llevo años luchando con este maldito bloqueo, y no lo niego. Pero esta vez es distinto. En serio.

El palo de flamboyán de frente a mi casa se cayó encima de mi carro y me lo esbarató, justamente el día que regresaba a trabajar de mis vacaciones celebrando mis 27 años de vida.

El alboroto fue una cosa seria. La casa tembló. Me desperté con un grito, y por poco vomito el corazón. En unos minutos caí en cuenta que había dejado el carro en el patio y que con ese desastre que escuché afuera milagrosamente yo estaba vivo y el carro había quedado en trizas.

Pero tenía la esperanza de que el palo había caído al ladito del carro. La alarma no estaba sonando, y no escuché el ruido de los cristales romper.  Yo no puedo tener tan mala suerte de que justamente el día que voy a regresar al trabajo el palo se caiga encima de mi carro. No no no y no.

Duré como 40 minutos en la cama, en lo que el corazón me regresaba al pecho, tratando de convencerme de que todo estaba bien. Pero la curiosidad me mataba. Quería ver el carro. Y eso hice. Duré como 3 horas en shock. No es hasta que llamo a mi hermana y le cuento, que se me salieron las lágrimas y me eché a llorar con ella.

Está cabrón! Yo creo que más que haber perdido algo tan caro por lo que pago mensualmente con el fruto de mi esfuerzo trabajando, lo más que me traumatizaba era todo lo que tenía que hacer con el seguro. Todo el tiempo que iba a perder. Y, posiblemente, todo el dinero que tendría que invertir.

Bregar con la aseguradora ha sido una misión (bah, pa que ocultarlo, es Universal. No sirven. De veras.) Me siento bregando con una agencia de gobierno. Te hacen ir tantas veces para entregar y firmar papeles que puedes entregar y firmar en una sola visita. Pero bueno, hay que tragarse esa frustración, tratarlos bien y sonreírles para que no se pongan más hijueputas y te atrasen más el proceso.

Lo que no quiero es seguir pagando mi carro. Que ya no es mío, porque ya legalmente firmé la cesión de derecho para que Unviersal se lo lleve.  Tan pronto el carro quede saldo, iré a los dealers para comprarme uno nuevo. Muy seguramente otro Civic, y si se puede, el modelo de 2012. Con suerte no volverá a caer otro palo encima. Ya no quedan.

Bueno, ya cumplí mi cuota de 500 palabras. Espero poder escribir 500 palabras más pronto. Se siente bien.

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4 pensamientos en “La tragedia del palo y el Civic

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