Se vive para trabajar?

Desde que somos chiquitos nos inculcan que tenemos que sacar buenas notas, estudiar, tener una Carrera para tener un trabajo y poder sustentarnos y ser autosuficientes. Que no dependamos de nadie para vivir. Nuestra cultura nos lleva poco a poco por ese camino para que al fin y al cabo nos podamos ganar honradamente el  pan nuestro de cada día con el sudor de nuestra frente. Hasta bíblico es. No es solamente cuestión de honradez. Es una orden divina.

Recientemente he estado en un intenso debate personal e interno sobre si se trabaja para vivir o se vive para trabajar. Alguna vez escuché la pregunta retórica e intenté analizarla, pero mi inexperiencia en ese momento no me permitió llegar a una conclusión.

Con 28 años he tenido cuatro trabajos. No me ha ido nada mal. Tan pronto terminé el bachillerato en diciembre de 2006, encontré trabajo en febrero del próximo año. Al principio estaba tan contento. Mi primer trabajo, mi primera oportunidad. Hasta en los periódicos salen reportajes sobre recién egresados que no consiguen trabajo porque la industria les requiere un mínimo de experiencia. Pero ahí estaba yo. Aún no tenía el diploma guindando en la pared de mi cuarto y ya estaba trabajando en lo que estudié.

El horario era bastante bueno. No tenía hora fija de entrada, pero no podía llegar después de las 9 AM. Yo siempre entraba a la hora que abría la oficina, que era como a las 6:30. Me tomaba media hora de almuerzo y ya a las 3 de la tarde estaba fuera. Me evitaba mucho tapón tanto en la mañana como en la tarde. Pero no todo era bello. Poco a poco fue creciendo mi incomodidad con mi jefe. No me sentía bien en su presencia. Cuando llegaba siempre deseaba que se fuera rápido. Me intimidaba. Me cuestionaba el código que utilizaba en mi trabajo; llegué al punto de debatirle que mis decisiones estaban correctas (aún tengo un e-mail de una de esas conversaciones). Llegó el momento en el que me di cuenta que no podía trabajar así. Me di cuenta que a pesar de mi eterna gratitud por haberme dado esa primera oportunidad de empleo, no tenía que aguantarlo. La oportunidad de otro trabajo en una compañía mas grande y con un sueldo de $2 más la hora me cayó del cielo (una ex compañera de estudios se iba para EU y me recomendó directamente con sus jefes; inmediatamente me entrevisté y esa tarde el trabajo era mío), por lo que se me hizo imposible rechazarla. El trabajo era mío desde un principio.

Al ser una compañía mucho más grande, el horario era mucho más estricto; era de 8:30 a 5:30. Siempre llegaba como a las 7:30 para evitarme el tapón descomunal que se forma en la autopista. No obstante, no podía zafarme del tapón de las 5:30. Estaba 40 minutos intentando salir del edificio, luego de la marginal, y luego el tapón hacia mi casa….Llegaba a casa por la noche, explotado de cansancio. No veía luz del sol porque salía de madrugada y llegaba por la noche. Llegué a cuestionarme si los $2 de diferencia valían la pena.

Nunca logré acostumbrarme al nuevo trabajo. Pero todo fue por culpa de que me dieron lay-off en el mismo período de probatoria. No podía alegar nada. Un buen día me reunieron y me despidieron con la excusa de que la compañía estaba en planes de restructuración y mi posición había sido eliminada. Lo que eran mis tareas se dividirían a través de todo el departamento. Al menos eso fue lo que me dijeron.

En ese momento, necesitaba un trabajo rush. Me encontré casi en la misma posición de hace 1 año atrás en la que no tenía nada de experiencia. Pero en 1 mes ya estaba trabajando en una cooperativa, incluso con mejor salario  que en ambos trabajos anteriores.

Estaba cómodo. Me llevaba súper bien con mis compañeros y mi equipo de trabajo. Tuve una que otra perreta con mi jefa, pero en general no había tensión. Lo más que me mortificaba, quizás, era la falta de taller en el área de desarrollo de software, y mil y un cuentos que no voy a contar ahora sobre el manejo de la compañía desde arriba. En general, me encontré con una serie de tareas con las que simple y sencillamente me apestaba tener que trabajar. Me cuestioné por qué esas tareas me tocaban a mí y en qué eso me haría un mejor profesional. Todo mi disgusto trajo como consecuencia mi renuncia y mi nueva etapa como consultor en una compañía dedicada al asesoramiento y consultoría de sistemas de información. Con un mejor salario.

Mi nuevo empleo tiene un horario de 8 AM a 5 PM. Lo que significa que tomo tapones por la mañana y por la tarde. Estoy un promedio de 4 horas diarias. 2 por la mañana y 2 por la tarde. La consultoría no es cosa fácil. Las prioridades cambian en un abrir y cerrar de ojos. Los deadlines son todos para ayer, por más que uno intente educar a los que te piden que lamentablemente, ayer ya pasó y que te tienen que dar una fecha más real. Tengo sólo 5 días feriados en el año. Algunos los conceden con cargo a vacaciones, como el 4 de julio. Pero estoy aprendiendo en cantidad. Puedo decir sin temor a equivocarme que todos los días aprendo algo nuevo.

Pero mi argumento es este: Para qué trabajamos? Estamos 8 horas o más en un trabajo, muchas veces aguantando m**** de los superiores, pasando stress durante el día y muchas veces llevando los problemas a la cama y a nuestros sueños. En adición a esas 8 horas, muchos estamos 4 horas en tapones hasta por fin llegar a nuestras casas, muertos de cansancio, pensando en solamente darnos un baño para acostarnos a dormir y empezar el próximo día con el maratón de 12 horas. El viernes a veces tarda mucho en llegar.

Muchas veces llega el lunes y el viernes parece que llega el año que viene. Lo que me lleva a preguntar: Trabajo para vivir, o vivo para trabajar? Tengo que hacerme un brainwash a cada rato para convencerme de que estoy haciendo lo correcto, de que he tomado buenas decisiones, de que ninguna decisión es la correcta.

Pero, y qué hay de uno? De la diversión, del tiempo de esparcimiento, de hacer las cosas que uno quiere? De disfrutar el salario? Además, qué hay del tiempo que necesitamos para trabajar con nuestros asuntos personales, y nuestra salud?

A veces uno como que pierde la perspectiva de las cosas. Se martiriza tanto pensando en todo lo que uno no tiene, de lo que agobia a uno en el trabajo, de que si el viernes no ha llegado. Olvida uno la diversión y el relajamiento que ofrece la simpleza de un viajecito por lugares nuevos de la isla comiendo frituras, pinchos y bebiendo cerveza. Pero, como es más el tiempo que tenemos que invertir en nuestra jornada laboral para poder disfrutar un corto fin de semana y un par de horas más de sueño, creo que somos muchos los que pensamos que no solamente trabajamos para vivir, sino que trabajamos para sobrevivir.

Dicen que todo depende del cristal con que se mire. Así que creo que es hora de analizar el cristal que estamos usando y usar el que nos ayude a sentirnos mejor.

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