Un año sin mi padre

Hoy se cumple 1 año de la muerte de mi padre. Aún recuerdo su cara cuando fui a verlo a aquél cuartito pequeño y frío en el hospital. Parecía como si estuviera durmiendo. A pesar del todo el dolor que me embargaba al ver a mi padre sin vida, me sentía tranquilo porque su semblante reflejaba que estaba en paz y que estaba listo para partir. Pero el recuerdo más lindo es el de la visita del día anterior al hospital, cuando con su sentido del humor se vacilaba al paciente que tenía al lado y las cosas que le decía a la señora que lo cuidaba. Recuerdo que cuando me fui y le pedí la bendición me dijo: “Déjame darte un beso.”, y luego de agacharme para besarlo me dice “Te quiero mucho.”.

Hoy siento una satisfacción inmensa por haber estado ahí hasta su último suspiro, y más cuando me repetía tantas veces que estaba agradecido a la vida por tenerme como hijo. Yo no sabía qué decirle, sólo le decía que lo hacía por que sí, porque lo amaba, porque era mi responsabilidad, porque lo quería hacer. Siento una satisfacción inmensa porque no hay nada que yo pueda decir que debí haber hecho, o que haya algo que me arrepienta de haber hecho o dicho. Recuesto todas las noches mi cabeza en mi almohada y no hay ningún fantasma que me atormente. El aire que se respira es liviano, sin ningún remordimiento.

Qué me queda de él? Aparte de tantos recuerdos y tantas perretas que tuvimos (de las cuales ahora me río cuando las cuento), me quedan los momentos lindos, los valores, las enseñanzas. La protección que nos daba. Su preocupación por educarnos y de llevarnos por el camino del bien.

Era casi un personaje. Voy a extrañar cómo pitaba y cantaba todo el día. Voy a extrañar verlo sentado debajo del palito de mangó mientras me veía pasar la máquina y cómo me felicitaba cuando terminaba. Voy a extrañar cómo cada día me decía que me diera a querer en mi trabajo, que me alimentara bien, que descansara bien. Voy a extrañar cómo me decía que yo cocinaba como mami y cómo le echaba flores a la comida que le cocinaba.

En fin que voy a extrañar su presencia en la casa.

Sólo puedo decir lo agradecido que estoy de la vida por haberme dado el privilegio de tenerlo como padre.

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Borinquen Memorial

1996

Como era ya costumbre todas las mañanas, entré al cuarto de mis padres con el uniforme del colegio puesto, descalzo, con los zapatos en la mano, y me acostaba en la orilla de la cama para que papi me los pusiera. Recuerdo ese día estaba él discutiendo con mami unos asuntos de el “combo” que habían comprado en Borinquen Memorial Park que incluía el lote, velorio, y ataúd. Yo detestaba tener que escucharlos hablar sobre ese tema que tenía que ver con la muerte de ellos. Detestaba escuchar cómo se preparaban para ese evento, como si lo estuvieran anticipando, llamando, o acelerando el momento. En la mente de un chamaco de 12 años no cabe la idea de tener a sus padres muertos.

“No hablen del panteón frente a mi, por favor…” Les pedí.

“Por qué? No te gusta?” Me pregunta papi.

“No, no me gusta. No quiero pensar en que se van a morir. No quiero pensar en la muerte. Cando vuelvan a hablar del panteón o de la funeraria, por favor que yo no esté…”

Mis padres se miraron, sonriendo; quizá entendiendo la inocencia de mis palabras, el deseo de querer pensar que los tendría para siempre y el deseo de querer ignorar el hecho de que, por desgracia, en algún momento ya no estarán conmigo.

“Está bien, no lo volveremos a hacer.” Me dijo papi, mientras tomaba una pequeña carpetita de Borinquen Memorial donde guardaba todos los recibos de pagos y el contrato, y la guardaba en una gaveta.

15 de junio de 2010

Pedí permiso para salir unos minutos antes del trabajo y llegar temprano a la funeraria. La oficina administrativa de Borinquen Memorial cerraba a las 4 PM; lo descubrí ayer al llegar casi a las 5. Quería comprar la placa con el nombre de papi, y las fechas de nacimiento y de su muerte, ya que el mes que viene cumple 1 año de haber fallecido.

Llegué a las 3:30, y no había nadie en la sala, así que voy directamente donde la clerk que estaba en el counter.

“Buenas tardes. Quisiera comprar la plaquita que lleva el nombre, para mi papá que está enterrado aquí.”

“La propiedad, a nombre de quién esta?”

“Roberto Vázquez Torres.” Le contesto. Ella empieza a buscar en el sistema, a la misma vez que atendía una llamada de trabajo en su celular. Veo que escribe “VAZQUEZ TORR”, y automáticamente se muestra una información en pantalla. En el centro de la pantalla dice

** CANCELADO**

“Dice que está cancelado por falta de pago. “

“Cómo? Cancelado? Por falta de pago?” Claro, a papi lo habían envuelto para comprar un panteón como de 6 espacios. Se suponía que los cuerpos de mis abuelos y los de mis padres fueran exumados en algún momento, para ser trasladados a este panteón nuevo. Nunca estuve de acuerdo con esto así que, con la muerte de papi, se dejó de pagar este enredo que ni él mismo nunca entendió. “Verifique a ver, porque yo quiero que se ponga la placa en donde él está enterrado junto con mami…”

Me dijo que esperara un minuto en lo que llamaba al Departamento de Cobros. Toma el teléfono, hace la llamada y vuelve conmigo. “Mira, me dicen que ese panteón se dejó de pagar por alguna razón. A los 10 meses de no pagarlo, se cancela. Por ahora no vas a poder comprar la placa.”

“Es que tiene que haber un error, no entiendo. Yo tengo entendido que él terminó de pagar el lote donde está enterrado…”

“Quieres hablar con Cobros?”

“Bueno, si allá pueden darme más detalles, se lo agradeceré.”

“Vas a subir por esas escaleras y procura por Sandra. SU oficina es la última en el pasillo a mano derecha.”

Subo donde la tal Sandra. Era la misma que me había atendido el año pasado; la misma que me dijo que si dejaba de pagar el panteón nuevo, simplemente perdía el dinero que se había pagado, y que los términos del contrato ya no tendrían efecto. Era precisamente lo que yo quería.

Pero ahora, la historia estaba un tanto más complicada. Resulta que ahora mi papa nunca terminó de pagar los 2 lotes que había dado en trade-in para comprar el panteón nuevo.

“Usted me está diciendo a mi, que él nunca llegó a saldar el primer lote?”

“Exacto. Por alguna razón, él dejó de pagar. Es bien extraño, le faltaba muy poco.”

“Pero es que no entiendo yo tenía entendido que él había saldado el primer lote que compró. Ahí están enterrados mis abuelos. Joaquín Figuerooa, y Luisa Cabezudo.” Ella rebuscó en la papelería que tenía de frente y confirmó los nombres.

“Tu papá al parecer había dejado de pagar el lote, que es el que está aquí, en la sección 1. En el 2005, el compra el panteón, y da este lote en trade in. La cantidad que él había pagado, se le acreditó al panteón nuevo.  Yo te recomiendo muevas a tus abuelos y a tus papas de donde están, y los traslades a este panteón. El problema es que, estos panteones han subido de precio por casi el doble. Tendrías que hablar con un administrador para ver qué arreglo pueden hacer. Esto porque automáticamente se deja de pagar por 10 meses, ya se cancela.”

“Usted me perdona, pero es que aún no entiendo. A todas estas, yo le podría jurar a usted que papi no debía nada de sus 2 lotes, y que la oferta que hizo fue simplemente un trade-in de los lotes que él ya tenía. No entiendo cómo es posible que él deba algo del primer lote, cómo es que aparece que debe algo del primer lote? El lote donde mis padres están enterrados, también se debe?”

“Sí, se debe.”

Me puse las manos en la cara. No podía creer lo que estaba escuchando. Esta señora me estaba diciendo que papi tenía 2 lotes y que los 2 los debía y que yo tenía que pagarlos. Se me salieron las lágrimas y se me entrecortó la voz.

“Perdóneme que me eche a llorar aquí es que yo simplemente vine a comprar una plaquita porque papi cumple 1 año el mes que viene y la quería tener para esta fecha, y ahora escuchar todo esto de sopetón, realmente no lo esperaba.”

Me dijo que no me preocupara. Siguió miirando el sistema y la papelería, y volvió a hablarme sobre cómo los precios han subido y de lo mucho que tenía que pagar. Me habló hasta de 6 años, un pago mensual de $150.00.

“Mire, aún no logro entender nada. Recuerde que para mí, ambos lotes estaban saldos, me entiende?”

Ella me mira a los ojos y me pregunta “No sabes por qué tu papá dejó de pagarlo? Le faltaba tan poco…”

Sin darme cuenta, por mi mente pasaban las imágenes de mi papá poniéndome los zapatos en la orilla de la cama cuando yo era un niño, mientras yo le pedía que no me hablara más de panteones ni velorios ni ataúdes. Pasaban las imágenes de mi papá guardando la carpetita en la gaveta. Suspiré y pensé “Si tan sólo hubiera prestado un poco más de atención, si hubiera mostrado algún interés, quizá pudiera entender esto un poco más!!”

Le hice el cuento de la historia de los lotes. Papi y mami habían comprado un lote en la sección 1, para allá para los 1990’s. Cuando fallece mi abuelo, la familia encontró que no había lugar para enterrarlo, así que papi permitió enterrarlo ahí. Como mi abuela cuando falleciera también se enterraría ahí, pues papi decide comprar otro lote, esta vez en la sección 2.

“Exacto. Eso fue en el 2005.”

“Imposible, no puede ser en el 20o5. El hizo esas gestiones inmediatamente entierran a mi abuelo. Esto fue para el 1996, aproximadamente.”

Creo que ya Sandra estaba harta de mi. pero no me importaba. No pensaba salir de ahí hasta al menos entender un poquito. “Lo que yo entiendo que hizo tu papá fue lo siguiente: Tus abuelos fallecen, él los entierra en su lote. Tu mamá fallece, entonces él decide comprar un panteón porque es más espacioso, con la intención de exhumarlos y trasladarlos a todos al panteón. Pero él deja de pagar el panteón…Estuvo un par de meses sin pagar, luego solicita un refinanciamiento en tal o cual fecha, y luego paga varios meses, pero vuelve a dejar de pagar. Esta vez dejó de pagar en junio del año pasado. Y como ya van mas de 10 meses, se cancela. El problema es que la tierra aumenta de valor. Yo te recomiendo…”

“Discúlpeme, pero es que sigo sin entender. En qué momento sale el lote donde ellos están enterrados ahora? Porque en ningún momento sale a relucir. Mi papá llevaba tiempo pagando ese lote.”

“Ese lote seguramente se le dio prestado a tu papa, cuando tu mamá murió. El había comprado el panteón grande y probablemente para la fecha en que tu mamá murió todavía las facilidades no estaban listas, así que la funeraria le provee libre de costo este lote temporero en lo que se prepara el que él compro, que dice aquí que fue en abril de 2005…”

“Todavía hay algo que no me hace sentido. Yo SÉ que papi compró ese lote, donde están ellos ahora. Explíqueme cómo él lo compró en abril de 2005 y mami fallece en marzo de ese año. Nostros no pagamoos nada, porque ya ellos lo habían pagado todo. Servicio fúnebre, lote, ataúd. Todo. Lo único que pagamos fue la diferencia de un ataúd más caro, por que a mi hermana no le gustó el que mami había escogido. Cómo es posible que hayamos tenido todo eso, y no fue hasta el mes siguiente que papi compró el panteón familiar? Cómo es posible que ustedes nos hayan “prestado” un lote antes de haber comprado un panteón? Le digo, ese lote papi lo compró luego de enterrar a mi abuelo. De eso estoy seguro. Y estoy casi seguro de que al menos el primero , sino ambos, deben estar saldos. “

A pesar de que estaba hablando con algo de autoridad, jamás me irrité con Sandra. Si me alteraba, no me ayudaba. Además, creo que me venía bien controlar mis emociones. Sin embargo, pude ver en ella que estaba un poco harta de mi. Pero no me importaba, a pesar de que me repetía en varias ocasiones que hablara con el administrador para ver a qué arreglos podíamos llegar.

Comenzó a buscar en el sistema, sin decirme nada, mientras yo texteaba con mi hermana diciéndole que no me iba de ahí hasta que entendiera.Mientras, yo le decía “También recuerdo que el año pasado vine y hablé con usted sobre el panteón. Le comenté que a ninguno de sus hijos le interesaba seguir pagándolo, y usted me dijo que simplemente dejara de pagarlo, y que los términos del contrato que especificaban que cuando se pagara cierta cantidad, se exhumaban los caddáveres y se trasladaban al panteón, iban a terminar nulos.” Se levanta del asiento sin decirme nada, y se va a un cuarto lleno de expedientes. Luego de 5 minutos viene y se sienta de nuevo en su escritorio, con un expediente distinto en sus manos.

“Luis, perdóname, tu tienes razón…” No le dije nada, y esperé a que ella hablara sola. “Ese lote donde están tus papás enterrados, está saldo. Con ese no hay ningún problema. Aquí está la carta de saldo del Westernbank.”

“O sea, que puedo comprarle la plaquita?” Realmente era lo único que me importaba. Luego de 1 hora descifrando los enredos que ella me decía, por fin me dio una buena noticia.

“Si, discúlpame, la puedes comprar. Es que por 1 letra mal escrita en el sistema, no me aparecía esta información del lote de la sección 2. Tu papá lo compró, y se saldó. Con ese no hay problema. El problema es cn el lote donde están tus abuelos enterrados…”

Claro, pensé, cuando arreglemos lo de la herencia, me verás la cara, pero ni se te ocurra que yo vendré mañana a pagar lo que él debe.

Sandra me imprimió el history de la cuenta del panteón que papi estaba pagando. También me imprimió el status final del lote donde están mis padres enterrados. Le pedí que me especificara los números de lote de la sección 1 y la sección 2. Le dije que antes de venir a “hablar” con el administrador, necesitaba documentarme bien, y sobre todo, si iba a hacer algo con la supuesta deuda, que entendienra que debía consultarlo con mis hermanos porque no era algo que me corresponde solamente a mi.

Ya eran las 4:40. Mi preocupación ahora era que tampoco iba a poder pagar porque la hora de cuadre de caja es a las 4.

“No te preocupes, yo bajo y les pido que te hagan un recibo manual, si es que ya cerraron caja.”

Cada vez que se acordaba, me pedía disculpas por haberme hecho pasar un mal rato. Le decía que no se preocupara. La recepcionista que me atendió cuando llegue me tomó la información para la plaquuita, o el scroll, como elloos le llaman. Me costó $160.50.

Cada vez repetía que había una letra mal escrita en el sistema. Y cada vez me recordaba que el primer lote se debía. Claro, me fui de la oficina con la duda de si realmente se había saldado o no. Pero la tranquilidad de haber logrado lo que quería hacer fue mayor, aunque por poco me da un ataque de taquicardia en el proceso.

Como alguna vez le pedí a papi que no me dijera nada que tuviera que ver con la funeraria, pues nunca lo hizo, y ahora, él ya no está para preguntarle si ese lote se saldó. Pensé, y si hay otra letra mal escrita, y por eso no aparece en sistema que ese primer lote está saldo?  Creo que jamás lo sabré…

El adiós que no se escucha

Cuando amamos a alguien nunca queremos ni siquiera pensar en la idea de que, por desgracia, en algún momento, esa persona ya no estará con nostros. Nos han malacostumbrado con ese cuento de hadas de que “…vivieron felices para siempre.” Nos lo hemos creido tanto, que cuando se nos va, no podemos creerlo, no queremos aceprarlo, no sabemos vivir con esa realidad.
 
Cuando se nos muere un ser querido, un ser con quien vivíamos día a día, el golpe es tan fuerte…pero las circunstancias nos obligan a aceptar poco a poco que ya esa persona no está con nostros. Que no la volveremos a ver jamás, y que sólo nos queda vivir con su recuerdo. El día que enterramos a ese ser querido en el cementerio es la última vez que lo veremos físicamente. Cuando nos alejamos del panteoón sentimos que nos estamos marchando para nunca volver a vernos. Se grita un adiós que no escucha. Se lloran lágrimas que nunca verá. Nos alejamos de su cuerpo, y no nos ve partir
 
Cuando perdemos a alguien que amamos, pero no por muerte, sino porque ya simplemente se terminó la relación, somos capaces de aceptar la pérdida de la misma forma? AL saber que la persona sigue ahí, guardamos la esperanza de que todo volverá a ser como antes, de que aún guarda un sentimiento por uno, de que aún nos necesitan, y nos quieren… pero no, tal y como ocurre cuando alguien muere, aunque la persona siga viva, ya no estará ahí, aunque físicamente lo esté.
 
Decimos adiós, y nos escucha. Ve y siente nuestras lágrimas. Nos abrazan, nos alejamos y nos ven partir. Con dolor en el alma, hay que decir adiós.
 
Quien sabe si cuando caminemos cabizbajos por la vida nos encontremos con alguien que nos levante la mirada, nos haga volver a creer, a ilusionarnos, a vivir, para luego, cuando se diga que “…vivieron felices para siempre.” volver a caer en la realidad de que el amor eterno sólo dura unos cuantos meses y que realmente el final del cuento de hadas es solamente el principio del final del que nadie quiere hablar.
 
Nos toca a nostros enterrarlo. Guardarlo en el baúl de recuerdos para siempre. Vivir aceptando que ya terminó, que no volverá jamás, que lo perdimos. Tenemos que aguantarnos cuando lo vemos pasar con otra persona, que es feliz con esa persona, que ya no nos necesitan. Que las maripositas ya no las sienten por uno, que su sonrisa no se la provoca uno, que la luz de sus ojos no es uno. 
 
Es ahí que nos tenemos que alejar. Es ahí que tenemos que enterrarlos. Decir un adiós que no escuche, llorar lágrimas que no vea, y alejarnos sin que nos vea partir.