Día de lluvia

Hoy es un día lluvioso…Hoy llueve, hoy llueve nuevo…

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La esquina, la silla y la ventana

Vuelvo a verme sentado en esa pequeña silla, mirando a través de esta ventana sucia cómo el mundo gira sin mi y no me espera. Sentado, en esta esquina solitaria, olvidada,espero, paciente, impaciente…Espero algo, no se qué, pero espero que algo pase. Algo bueno, algo malo, algo que me cambie la vida. Que me cambie el rumbo.

Veo, por la ventana, el futuro. El futuro que al no tenerlo frente a mi, lo siento tan intangible…es un sueño? O una pesadilla…? El futuro..mi futuro está ya escrito, o es lo que quiero hacer de él? No lo sé…pero lo estoy viendo, lo veo de lejos…como el horizonte. Sabes que donde termina el cielo y se une con el mar no ves más nada, pero sabes que hay más cielo y más mar.

Ahí sigue el futuro. El futuro que alguna vez pensé que me pasó por el lado y no me esperó. Que se fue sin mi.

Y ahí está esa triste esquina en la que yo me senté, en la sillita, a mirar por la ventana a ese futuro inalcanzable. Ese futuro de sueño, o de pesadilla…de no se qué. Veo esa estrellita a la que en algún momento le pedí un deseo, y me recuerda tanto al día de ayer… Veo las montañas, las praderas, la lluvia en los montes, el sol, los caminos llanos, los pedregosos, y más allá, más allá de las montañas, de las nubes, de las flores, de los pantanos…está el horizonte. Los sueños.

Es demasiado silencioso en esta esquina. La silla, ya no aguanta tanta carga…por la ventana han pasado tantos recuerdos, lindos, malos…

Es tiempo de levantarme de la silla, dejar de mirar por la ventana al horizonte, dejar de preguntarme qué hay más allá de las montañas, y averiguarlo. Atreverme a soñar, a realizar.

Atreverme a vivir.

El adiós que no se escucha

Cuando amamos a alguien nunca queremos ni siquiera pensar en la idea de que, por desgracia, en algún momento, esa persona ya no estará con nostros. Nos han malacostumbrado con ese cuento de hadas de que “…vivieron felices para siempre.” Nos lo hemos creido tanto, que cuando se nos va, no podemos creerlo, no queremos aceprarlo, no sabemos vivir con esa realidad.
 
Cuando se nos muere un ser querido, un ser con quien vivíamos día a día, el golpe es tan fuerte…pero las circunstancias nos obligan a aceptar poco a poco que ya esa persona no está con nostros. Que no la volveremos a ver jamás, y que sólo nos queda vivir con su recuerdo. El día que enterramos a ese ser querido en el cementerio es la última vez que lo veremos físicamente. Cuando nos alejamos del panteoón sentimos que nos estamos marchando para nunca volver a vernos. Se grita un adiós que no escucha. Se lloran lágrimas que nunca verá. Nos alejamos de su cuerpo, y no nos ve partir
 
Cuando perdemos a alguien que amamos, pero no por muerte, sino porque ya simplemente se terminó la relación, somos capaces de aceptar la pérdida de la misma forma? AL saber que la persona sigue ahí, guardamos la esperanza de que todo volverá a ser como antes, de que aún guarda un sentimiento por uno, de que aún nos necesitan, y nos quieren… pero no, tal y como ocurre cuando alguien muere, aunque la persona siga viva, ya no estará ahí, aunque físicamente lo esté.
 
Decimos adiós, y nos escucha. Ve y siente nuestras lágrimas. Nos abrazan, nos alejamos y nos ven partir. Con dolor en el alma, hay que decir adiós.
 
Quien sabe si cuando caminemos cabizbajos por la vida nos encontremos con alguien que nos levante la mirada, nos haga volver a creer, a ilusionarnos, a vivir, para luego, cuando se diga que “…vivieron felices para siempre.” volver a caer en la realidad de que el amor eterno sólo dura unos cuantos meses y que realmente el final del cuento de hadas es solamente el principio del final del que nadie quiere hablar.
 
Nos toca a nostros enterrarlo. Guardarlo en el baúl de recuerdos para siempre. Vivir aceptando que ya terminó, que no volverá jamás, que lo perdimos. Tenemos que aguantarnos cuando lo vemos pasar con otra persona, que es feliz con esa persona, que ya no nos necesitan. Que las maripositas ya no las sienten por uno, que su sonrisa no se la provoca uno, que la luz de sus ojos no es uno. 
 
Es ahí que nos tenemos que alejar. Es ahí que tenemos que enterrarlos. Decir un adiós que no escuche, llorar lágrimas que no vea, y alejarnos sin que nos vea partir.