Si las paredes hablaran

Hay un dicho que dice “Si las paredes hablaran…”.

Para muchas personas, la definición de estar solo es estar soltero. No tener a quien amar. Lo sé porque muchas veces me sentí así en mi adolescencia. Me sentía incomprendido, solo, sin nadie que me escuchara o que al menos hablara el mismo lenguaje que yo, en una etapa en la que comenzaba a definir mi posición en la sociedad, la familia, y las amistades. Una posición de joven homosexual.

En ese tiempo las cosas eran muy distintas. Tenía unas cuantas amistades con las que salía al cine, jugaba Playstation, y hasta hablaba por teléfono .Era la época pre-Facebook y pre-MySpace y la gente se comunicaba más allá que con mensajes de texto o de Facebook. Hoy día los mensajes son “Te envíe un inbox a Facebook”.

Pero disgrego.

En diez años pueden ocurrir tantas cosas. De ese joven atemorizado con traumas de identidad, inseguridad y del qué dirán, queda muy poco. Me he dado cuenta de la naturalidad con la que confieso a algunas amistades el hecho de que soy gay. Sin miedo al rechazo, y con la firmeza de un hombre hecho y derecho que sabe de dónde viene y cree saber hacia dónde va. Sin miedo a las críticas.

Pero en el silencio de las cuatro paredes, todo es muy distinto.

Las paredes saben todo. No hay nada que ocultarles. Conocen la historia. Han grabado todas las conversaciones, todas las escenas de la historia que acontece día a día.

Hace una semana estaba recogiendo la mesa del comedor. El reguerete que había encima era insoportable, tanto así que para yo comer sólo quedaba un pequeño espacio en una esquinita. A medida que el reguero me molestaba, yo seguía empujándolo hacia un lado para comer mejor. Llegó el punto de no saber si era yo quien empujaba la basura, o si era la basura la que me estaba empujando a mí.

Entre una cosa y otra, encontraba fotos. Fotos familiares de años atrás. Fotos de mis hermanos y yo cuando bebés. Encontré un expediente que papi guardaba como su vida propia, que contenía recortes de periódico y fotos sobre un incendio en el que murieron quemados 3 hijos y 3 sobrinos. Luego de botar talonarios viejos de mi trabajo anterior, encontré el álbum de bodas de mis padres y me vi tentado a rotar el aparatito que sonaba la musiquita de bodas. Debajo del álbum encontré los certificados de defunción de ellos.

Luego, irremediablemente, con toda esa historia plasmada en retratos y documentos regados sobre la mesa, desplegados frente a mi, lloré.

Lloré mientras tomaba cada  foto con mis manos y me transportaba a mis momentos más felices. Lloré mientras me veía riendo en las fotos, con la inocencia que trae la infancia, la ingenuidad ante la vida. Veía en mi cara la idea inconsciente de que no existía ayer ni mañana y que el día de hoy era el más importante de mi vida. Lloré al ver las fotos de mis padres, de mis hermanos. Lloré al recordarme con mi familia.

Luego lloré más aún cuando vi los certificados de defunción, los recibos de los velorios, las tarjetas de consuelo. Lloré al ver cómo el fin de la historia quedó plasmado en un recibo doblado, guardado en una carpetita de la Funeraria, indicando el saldo de 2 mil y pico de dólares.

Y entonces, parado frente ese reguero de recuerdos, intenté continuar con mi labor de liberar la mesa, cuando me doy cuenta de que la estaba limpiando con el propósito de la cena de Acción de Gracias. Así estaba yo. Llorando los recuerdos, intentando (quizá por tradición y no tanto con el deseo genuino) de dar gracias. Me sentí tan hipócrita.

Tomé cada reguero de recuerdos para poco a poco moverlos al otro cuarto. EL cuarto donde dormía papi. El cuarto donde él pasaba todo el día, y lloraba a mami, y pasaba un sinnúmero de horas en soledad.

Sin preocuparme mucho por lo organizado del cuarto, puse los regueros de la mesa en algún lugar del piso, encima de más regueros y más recuerdos, sequé mis lágrimas y seguí horneando el jamón con el que conmemoraría el Día de Acción de Gracias.

 

Un año sin mi padre

Hoy se cumple 1 año de la muerte de mi padre. Aún recuerdo su cara cuando fui a verlo a aquél cuartito pequeño y frío en el hospital. Parecía como si estuviera durmiendo. A pesar del todo el dolor que me embargaba al ver a mi padre sin vida, me sentía tranquilo porque su semblante reflejaba que estaba en paz y que estaba listo para partir. Pero el recuerdo más lindo es el de la visita del día anterior al hospital, cuando con su sentido del humor se vacilaba al paciente que tenía al lado y las cosas que le decía a la señora que lo cuidaba. Recuerdo que cuando me fui y le pedí la bendición me dijo: “Déjame darte un beso.”, y luego de agacharme para besarlo me dice “Te quiero mucho.”.

Hoy siento una satisfacción inmensa por haber estado ahí hasta su último suspiro, y más cuando me repetía tantas veces que estaba agradecido a la vida por tenerme como hijo. Yo no sabía qué decirle, sólo le decía que lo hacía por que sí, porque lo amaba, porque era mi responsabilidad, porque lo quería hacer. Siento una satisfacción inmensa porque no hay nada que yo pueda decir que debí haber hecho, o que haya algo que me arrepienta de haber hecho o dicho. Recuesto todas las noches mi cabeza en mi almohada y no hay ningún fantasma que me atormente. El aire que se respira es liviano, sin ningún remordimiento.

Qué me queda de él? Aparte de tantos recuerdos y tantas perretas que tuvimos (de las cuales ahora me río cuando las cuento), me quedan los momentos lindos, los valores, las enseñanzas. La protección que nos daba. Su preocupación por educarnos y de llevarnos por el camino del bien.

Era casi un personaje. Voy a extrañar cómo pitaba y cantaba todo el día. Voy a extrañar verlo sentado debajo del palito de mangó mientras me veía pasar la máquina y cómo me felicitaba cuando terminaba. Voy a extrañar cómo cada día me decía que me diera a querer en mi trabajo, que me alimentara bien, que descansara bien. Voy a extrañar cómo me decía que yo cocinaba como mami y cómo le echaba flores a la comida que le cocinaba.

En fin que voy a extrañar su presencia en la casa.

Sólo puedo decir lo agradecido que estoy de la vida por haberme dado el privilegio de tenerlo como padre.

Control

El bill de la luz de mi casa nunca bajó. A Pesar de que ya mi padre no estaba en casa y consumía menos luz (total, lo que él usaba era la tv y el abanico), el bill seguía llegando igual. Un amigo me comentó que él entendía que yo debía desconectar un freezer que tengo aparte en la cocina, porque el de la nevera era suficiente para mi, y eso me estaba gastando luz de más. Yo insistía en que no podía desconectar ese freezer, porque aún quedaba carne y no podía echarla al zafacón.

Un día recibí una visita de mi amigo. Tanto estuvo hasta que fue a la cocina diciendo que él tenía que ver lo que tanto yo tenía guardado en ese freezer que no quería botar. Cuando empieza a sacar empaques de carne, todos tenían fecha del 2005, 2006, 2007.

“Esta era la carne que tu tanto guardabas?”, Me preguntó con incredulidad. Yo no sabía qué contestarle, y continué fregando los trastes. Según sacaba los empaques de carne, los iba botando en una bolsa de basura. Cuando terminó con el freezer, siguió en la alacena. Encontró 4 botellas de vinagre, casi todas expiradas, paquetes de arroz, de vegetales, aderezos, especias, botellas…cada vez que me enseñaba algo me preguntaba, “y esto, para qué tu lo quieres?” , a lo que yo le contestaba, “eso era de mami…”.

Luego de mi contestación, lo que fuera que tuviera en las manos, también iba para la basura.

Mientras yo fregaba y recogía, no pude más que echarme a llorar. Traté de aguantar las ganas, pero no pude. “Por qué estás llorando?” Me preguntó. “En los 5 años que mami lleva de muerta, cada vez que papi me decía que no hacía algo por que era mami quien lo hacía, o que algo debía hacerse como mami lo hacía, yo intentaba ser su reality check. Intentaba decirle que ya ella no está con nostros, que las cosas que ella hacía no se harán solas y que las tenemos que hacer nostros. Que no debemos quedarnos estancados pensando en esas cosas porque si no, no echaríamos adelante…y sin embargo, aquí estoy yo, dejando acumular tantas cosas viejas en la casa, que ya ni mi compra me cabe porque no me he puesto a botar todo lo viejo; parece como si en algún lugar dentro de mi aún estoy esperando que venga mami de no se donde, a recoger y a poner la casa en orden, tal y como lo hacía antes.”

Tenía que pasarme eso para darme cuenta de que se me estaba haciendo difícil aceptar mi realidad. Tenía que pasarme eso para darme cuenta de que aún no había tomado el control de mi vida y no había asumido la responsabilidad que me correspondía. Tenía que pasarme eso para darme cuenta de que, como en muchas otras ocaciones anteriores, estaba viviendo algo para lo cual no me sentía con la madurez necesaria para enfrentarlo y que no me quedaba más remedio que madurar en el proceso.

Por cuánto tiempo estaré yo también estancado en el recuerdo? Qué es lo que me tiene que pasar para tomar control de mi vida y hacerme de la idea de que estoy solo? De que las cosas no se harán por arte de magia? O es la simple comodidad de vivir solo y la poca necesidad de tener todo al día?

Por qué las cosas no se hacen , o se hacen, por alguna razón a la que le echamos la culpa?

Será que aún no he tomado control de mi vida?

Borinquen Memorial

1996

Como era ya costumbre todas las mañanas, entré al cuarto de mis padres con el uniforme del colegio puesto, descalzo, con los zapatos en la mano, y me acostaba en la orilla de la cama para que papi me los pusiera. Recuerdo ese día estaba él discutiendo con mami unos asuntos de el “combo” que habían comprado en Borinquen Memorial Park que incluía el lote, velorio, y ataúd. Yo detestaba tener que escucharlos hablar sobre ese tema que tenía que ver con la muerte de ellos. Detestaba escuchar cómo se preparaban para ese evento, como si lo estuvieran anticipando, llamando, o acelerando el momento. En la mente de un chamaco de 12 años no cabe la idea de tener a sus padres muertos.

“No hablen del panteón frente a mi, por favor…” Les pedí.

“Por qué? No te gusta?” Me pregunta papi.

“No, no me gusta. No quiero pensar en que se van a morir. No quiero pensar en la muerte. Cando vuelvan a hablar del panteón o de la funeraria, por favor que yo no esté…”

Mis padres se miraron, sonriendo; quizá entendiendo la inocencia de mis palabras, el deseo de querer pensar que los tendría para siempre y el deseo de querer ignorar el hecho de que, por desgracia, en algún momento ya no estarán conmigo.

“Está bien, no lo volveremos a hacer.” Me dijo papi, mientras tomaba una pequeña carpetita de Borinquen Memorial donde guardaba todos los recibos de pagos y el contrato, y la guardaba en una gaveta.

15 de junio de 2010

Pedí permiso para salir unos minutos antes del trabajo y llegar temprano a la funeraria. La oficina administrativa de Borinquen Memorial cerraba a las 4 PM; lo descubrí ayer al llegar casi a las 5. Quería comprar la placa con el nombre de papi, y las fechas de nacimiento y de su muerte, ya que el mes que viene cumple 1 año de haber fallecido.

Llegué a las 3:30, y no había nadie en la sala, así que voy directamente donde la clerk que estaba en el counter.

“Buenas tardes. Quisiera comprar la plaquita que lleva el nombre, para mi papá que está enterrado aquí.”

“La propiedad, a nombre de quién esta?”

“Roberto Vázquez Torres.” Le contesto. Ella empieza a buscar en el sistema, a la misma vez que atendía una llamada de trabajo en su celular. Veo que escribe “VAZQUEZ TORR”, y automáticamente se muestra una información en pantalla. En el centro de la pantalla dice

** CANCELADO**

“Dice que está cancelado por falta de pago. “

“Cómo? Cancelado? Por falta de pago?” Claro, a papi lo habían envuelto para comprar un panteón como de 6 espacios. Se suponía que los cuerpos de mis abuelos y los de mis padres fueran exumados en algún momento, para ser trasladados a este panteón nuevo. Nunca estuve de acuerdo con esto así que, con la muerte de papi, se dejó de pagar este enredo que ni él mismo nunca entendió. “Verifique a ver, porque yo quiero que se ponga la placa en donde él está enterrado junto con mami…”

Me dijo que esperara un minuto en lo que llamaba al Departamento de Cobros. Toma el teléfono, hace la llamada y vuelve conmigo. “Mira, me dicen que ese panteón se dejó de pagar por alguna razón. A los 10 meses de no pagarlo, se cancela. Por ahora no vas a poder comprar la placa.”

“Es que tiene que haber un error, no entiendo. Yo tengo entendido que él terminó de pagar el lote donde está enterrado…”

“Quieres hablar con Cobros?”

“Bueno, si allá pueden darme más detalles, se lo agradeceré.”

“Vas a subir por esas escaleras y procura por Sandra. SU oficina es la última en el pasillo a mano derecha.”

Subo donde la tal Sandra. Era la misma que me había atendido el año pasado; la misma que me dijo que si dejaba de pagar el panteón nuevo, simplemente perdía el dinero que se había pagado, y que los términos del contrato ya no tendrían efecto. Era precisamente lo que yo quería.

Pero ahora, la historia estaba un tanto más complicada. Resulta que ahora mi papa nunca terminó de pagar los 2 lotes que había dado en trade-in para comprar el panteón nuevo.

“Usted me está diciendo a mi, que él nunca llegó a saldar el primer lote?”

“Exacto. Por alguna razón, él dejó de pagar. Es bien extraño, le faltaba muy poco.”

“Pero es que no entiendo yo tenía entendido que él había saldado el primer lote que compró. Ahí están enterrados mis abuelos. Joaquín Figuerooa, y Luisa Cabezudo.” Ella rebuscó en la papelería que tenía de frente y confirmó los nombres.

“Tu papá al parecer había dejado de pagar el lote, que es el que está aquí, en la sección 1. En el 2005, el compra el panteón, y da este lote en trade in. La cantidad que él había pagado, se le acreditó al panteón nuevo.  Yo te recomiendo muevas a tus abuelos y a tus papas de donde están, y los traslades a este panteón. El problema es que, estos panteones han subido de precio por casi el doble. Tendrías que hablar con un administrador para ver qué arreglo pueden hacer. Esto porque automáticamente se deja de pagar por 10 meses, ya se cancela.”

“Usted me perdona, pero es que aún no entiendo. A todas estas, yo le podría jurar a usted que papi no debía nada de sus 2 lotes, y que la oferta que hizo fue simplemente un trade-in de los lotes que él ya tenía. No entiendo cómo es posible que él deba algo del primer lote, cómo es que aparece que debe algo del primer lote? El lote donde mis padres están enterrados, también se debe?”

“Sí, se debe.”

Me puse las manos en la cara. No podía creer lo que estaba escuchando. Esta señora me estaba diciendo que papi tenía 2 lotes y que los 2 los debía y que yo tenía que pagarlos. Se me salieron las lágrimas y se me entrecortó la voz.

“Perdóneme que me eche a llorar aquí es que yo simplemente vine a comprar una plaquita porque papi cumple 1 año el mes que viene y la quería tener para esta fecha, y ahora escuchar todo esto de sopetón, realmente no lo esperaba.”

Me dijo que no me preocupara. Siguió miirando el sistema y la papelería, y volvió a hablarme sobre cómo los precios han subido y de lo mucho que tenía que pagar. Me habló hasta de 6 años, un pago mensual de $150.00.

“Mire, aún no logro entender nada. Recuerde que para mí, ambos lotes estaban saldos, me entiende?”

Ella me mira a los ojos y me pregunta “No sabes por qué tu papá dejó de pagarlo? Le faltaba tan poco…”

Sin darme cuenta, por mi mente pasaban las imágenes de mi papá poniéndome los zapatos en la orilla de la cama cuando yo era un niño, mientras yo le pedía que no me hablara más de panteones ni velorios ni ataúdes. Pasaban las imágenes de mi papá guardando la carpetita en la gaveta. Suspiré y pensé “Si tan sólo hubiera prestado un poco más de atención, si hubiera mostrado algún interés, quizá pudiera entender esto un poco más!!”

Le hice el cuento de la historia de los lotes. Papi y mami habían comprado un lote en la sección 1, para allá para los 1990’s. Cuando fallece mi abuelo, la familia encontró que no había lugar para enterrarlo, así que papi permitió enterrarlo ahí. Como mi abuela cuando falleciera también se enterraría ahí, pues papi decide comprar otro lote, esta vez en la sección 2.

“Exacto. Eso fue en el 2005.”

“Imposible, no puede ser en el 20o5. El hizo esas gestiones inmediatamente entierran a mi abuelo. Esto fue para el 1996, aproximadamente.”

Creo que ya Sandra estaba harta de mi. pero no me importaba. No pensaba salir de ahí hasta al menos entender un poquito. “Lo que yo entiendo que hizo tu papá fue lo siguiente: Tus abuelos fallecen, él los entierra en su lote. Tu mamá fallece, entonces él decide comprar un panteón porque es más espacioso, con la intención de exhumarlos y trasladarlos a todos al panteón. Pero él deja de pagar el panteón…Estuvo un par de meses sin pagar, luego solicita un refinanciamiento en tal o cual fecha, y luego paga varios meses, pero vuelve a dejar de pagar. Esta vez dejó de pagar en junio del año pasado. Y como ya van mas de 10 meses, se cancela. El problema es que la tierra aumenta de valor. Yo te recomiendo…”

“Discúlpeme, pero es que sigo sin entender. En qué momento sale el lote donde ellos están enterrados ahora? Porque en ningún momento sale a relucir. Mi papá llevaba tiempo pagando ese lote.”

“Ese lote seguramente se le dio prestado a tu papa, cuando tu mamá murió. El había comprado el panteón grande y probablemente para la fecha en que tu mamá murió todavía las facilidades no estaban listas, así que la funeraria le provee libre de costo este lote temporero en lo que se prepara el que él compro, que dice aquí que fue en abril de 2005…”

“Todavía hay algo que no me hace sentido. Yo SÉ que papi compró ese lote, donde están ellos ahora. Explíqueme cómo él lo compró en abril de 2005 y mami fallece en marzo de ese año. Nostros no pagamoos nada, porque ya ellos lo habían pagado todo. Servicio fúnebre, lote, ataúd. Todo. Lo único que pagamos fue la diferencia de un ataúd más caro, por que a mi hermana no le gustó el que mami había escogido. Cómo es posible que hayamos tenido todo eso, y no fue hasta el mes siguiente que papi compró el panteón familiar? Cómo es posible que ustedes nos hayan “prestado” un lote antes de haber comprado un panteón? Le digo, ese lote papi lo compró luego de enterrar a mi abuelo. De eso estoy seguro. Y estoy casi seguro de que al menos el primero , sino ambos, deben estar saldos. “

A pesar de que estaba hablando con algo de autoridad, jamás me irrité con Sandra. Si me alteraba, no me ayudaba. Además, creo que me venía bien controlar mis emociones. Sin embargo, pude ver en ella que estaba un poco harta de mi. Pero no me importaba, a pesar de que me repetía en varias ocasiones que hablara con el administrador para ver a qué arreglos podíamos llegar.

Comenzó a buscar en el sistema, sin decirme nada, mientras yo texteaba con mi hermana diciéndole que no me iba de ahí hasta que entendiera.Mientras, yo le decía “También recuerdo que el año pasado vine y hablé con usted sobre el panteón. Le comenté que a ninguno de sus hijos le interesaba seguir pagándolo, y usted me dijo que simplemente dejara de pagarlo, y que los términos del contrato que especificaban que cuando se pagara cierta cantidad, se exhumaban los caddáveres y se trasladaban al panteón, iban a terminar nulos.” Se levanta del asiento sin decirme nada, y se va a un cuarto lleno de expedientes. Luego de 5 minutos viene y se sienta de nuevo en su escritorio, con un expediente distinto en sus manos.

“Luis, perdóname, tu tienes razón…” No le dije nada, y esperé a que ella hablara sola. “Ese lote donde están tus papás enterrados, está saldo. Con ese no hay ningún problema. Aquí está la carta de saldo del Westernbank.”

“O sea, que puedo comprarle la plaquita?” Realmente era lo único que me importaba. Luego de 1 hora descifrando los enredos que ella me decía, por fin me dio una buena noticia.

“Si, discúlpame, la puedes comprar. Es que por 1 letra mal escrita en el sistema, no me aparecía esta información del lote de la sección 2. Tu papá lo compró, y se saldó. Con ese no hay problema. El problema es cn el lote donde están tus abuelos enterrados…”

Claro, pensé, cuando arreglemos lo de la herencia, me verás la cara, pero ni se te ocurra que yo vendré mañana a pagar lo que él debe.

Sandra me imprimió el history de la cuenta del panteón que papi estaba pagando. También me imprimió el status final del lote donde están mis padres enterrados. Le pedí que me especificara los números de lote de la sección 1 y la sección 2. Le dije que antes de venir a “hablar” con el administrador, necesitaba documentarme bien, y sobre todo, si iba a hacer algo con la supuesta deuda, que entendienra que debía consultarlo con mis hermanos porque no era algo que me corresponde solamente a mi.

Ya eran las 4:40. Mi preocupación ahora era que tampoco iba a poder pagar porque la hora de cuadre de caja es a las 4.

“No te preocupes, yo bajo y les pido que te hagan un recibo manual, si es que ya cerraron caja.”

Cada vez que se acordaba, me pedía disculpas por haberme hecho pasar un mal rato. Le decía que no se preocupara. La recepcionista que me atendió cuando llegue me tomó la información para la plaquuita, o el scroll, como elloos le llaman. Me costó $160.50.

Cada vez repetía que había una letra mal escrita en el sistema. Y cada vez me recordaba que el primer lote se debía. Claro, me fui de la oficina con la duda de si realmente se había saldado o no. Pero la tranquilidad de haber logrado lo que quería hacer fue mayor, aunque por poco me da un ataque de taquicardia en el proceso.

Como alguna vez le pedí a papi que no me dijera nada que tuviera que ver con la funeraria, pues nunca lo hizo, y ahora, él ya no está para preguntarle si ese lote se saldó. Pensé, y si hay otra letra mal escrita, y por eso no aparece en sistema que ese primer lote está saldo?  Creo que jamás lo sabré…