Recuerdos

Dicen que recordar es vivir. Parece como si la mitad de nuestros días estuviéramos recordando momentos felices; como si esos momentos fueran estrellas fugaces. Fracciones de segundos en un día. Fracciones de momentos que perdimos si no los supimos aprovechar, apreciar.

El viejo viudo encerrado en su cuarto pensando en el día que se casó con su amor. EL niño solo añorando los cariños de su madre. La madre soltera llorando en la sala de su casa. El joven enamorado y perdido inmerso en las fotos de las aventuras con quien alguna vez fue su cómplice.

Recuerdos y más recuerdos.

Qué bonito es saber que se es capaz de vivir momentos tan intensos. Momentos que valen tanto. Qué bonito es mirar hacia atrás y revivir esos momentos fugaces, momentos que parecen sueños. Momentos que sacan una sonrisa por lo hermosos que fueron, y a la vez nos sacan una lágrima porque terminaron.

No nos queda más que el premio de consolación. El que se es simplemente eso. Un lindo recuerdo. Un “espacio” en el corazón de alguien. No nos queda más remedio que cerrar el baúl de recuerdos y salir del claustro del pasado y crear momentos nuevos.

Si son tan fugaces, si son tan cortos, tan intensos, tan hermosos, debemos crear más de ellos, y mejores, pero no para recordarlos sino para vivirlos mientras ocurren y hacerlos nuestros.

Recordar es vivir, dicen. Claro, si vivimos en los recuerdos; vivimos recordando.

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La esquina, la silla y la ventana

Vuelvo a verme sentado en esa pequeña silla, mirando a través de esta ventana sucia cómo el mundo gira sin mi y no me espera. Sentado, en esta esquina solitaria, olvidada,espero, paciente, impaciente…Espero algo, no se qué, pero espero que algo pase. Algo bueno, algo malo, algo que me cambie la vida. Que me cambie el rumbo.

Veo, por la ventana, el futuro. El futuro que al no tenerlo frente a mi, lo siento tan intangible…es un sueño? O una pesadilla…? El futuro..mi futuro está ya escrito, o es lo que quiero hacer de él? No lo sé…pero lo estoy viendo, lo veo de lejos…como el horizonte. Sabes que donde termina el cielo y se une con el mar no ves más nada, pero sabes que hay más cielo y más mar.

Ahí sigue el futuro. El futuro que alguna vez pensé que me pasó por el lado y no me esperó. Que se fue sin mi.

Y ahí está esa triste esquina en la que yo me senté, en la sillita, a mirar por la ventana a ese futuro inalcanzable. Ese futuro de sueño, o de pesadilla…de no se qué. Veo esa estrellita a la que en algún momento le pedí un deseo, y me recuerda tanto al día de ayer… Veo las montañas, las praderas, la lluvia en los montes, el sol, los caminos llanos, los pedregosos, y más allá, más allá de las montañas, de las nubes, de las flores, de los pantanos…está el horizonte. Los sueños.

Es demasiado silencioso en esta esquina. La silla, ya no aguanta tanta carga…por la ventana han pasado tantos recuerdos, lindos, malos…

Es tiempo de levantarme de la silla, dejar de mirar por la ventana al horizonte, dejar de preguntarme qué hay más allá de las montañas, y averiguarlo. Atreverme a soñar, a realizar.

Atreverme a vivir.