Viejo San Juan

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El Viejo San Juan tiene un misticismo particular que me embruja cada vez que voy.

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Miramar, Miramar…

Nota: Había comenzado a escribir este blog pero por alguna razón lo había dejado en el purgatorio de borradores, así que decidí terminarlo recientemente porque pensé que era digno de publicarlo.

Era una hora de almuerzo normal. Carros obstruyendo el tránsito. Patrullas de policías sonando sus biombos. Guaguas de la AMA alborotando. Gente cruzando la calle. Deambulantes deambulando por la acera. Olor a comida y grasa vieja, humo, calor, lluvia….

Cruzando la calle, en el edificio frente al que estaba yo hablando por teléfono, había dos policías hablando. Estaban tan tranquilos que asumí estaban en su hora de break. No eran los policías gordo, feos y viejos de Juncos y Las Piedras, no. Eran modelitos jóvenes con su uniforme pegados y cuerpos de calendario perfectos y nalgas parás.

Frente al restaurante Lima, se estacionó un Yaris. Puso la señal de emergencia. Estaba obstruyendo el tránsito del carril del centro de la avenida, ya que prácticamente el carril de la derecha está ocupado por los carros estacionados en la orilla de toda la acera. Pensé que el chofer estaba dejando su Yaris en la orillita con la intención de utilizar el valet parking de Lima.

El chofer resultó ser una mujer. Tenía unos bermudas cortos de cuadros blancos y negros de hombre, una polo amarilla de hombre, no tenía maquillaje y tenía un recorte militar.

Se bajó de su Yaris y en el mismo medio de la avenida intentaba abrir su paraguas, que parecía que se le trancó. Cuando por fin logró abrirlo, caminó hacia donde yo estaba para retirar dinero del cajero automático del banco que estaba detrás de mi.

No demoró mucho. En menos de 3 minutos ya estaba montándose en su carro con la sombrilla cerrada. Como si nada, aceleró y se fue.

De pronto miré los policías que estaban en el edificio del frente. Aún estaban conversando.

Más abajo en la avenida, se escuchaba un revolú de bocinas y gente hablando. había un Accord blanco intentando estacionarse frente al mismo edificio que yo tenía de frente. Justo detrás delAccord, había una Explorer comenzando a estacionarse también. Una patrulla estaba bloqueando el tránsito, como dándole espacio para que se acomodaran. De pronto se escucha que la patrulla dice “Pégate, pégate más.”. La Explorer se acomodó un poco más para atrás, dejando espacio para que cupiera el Accord. No pude evitar fijarme en que toda la acera en la que estaban estacionados esos carros estaba pintada con línea amarilla y que del Accord salió uno de los empleados de valet parking de Lima que literalmente está deambulando por la avenida.

Los dos policías que hablaban al otro lado, estaban en la acera. Un Lancer entró hacia la calle del Restaurante Lima, pero en la misma curva se detuvo a hablar algo con los policías. Los carros se estaban acumulando detrás del Lancer porque estaba obstruyendo la avenida prinicpal.

Entre todo el tumulto de gente que paseaba por la acera, había una señora blanca, bien flaca y rubia. Ella miraba a todo el mundo pero a la vez no miraba a nadie. Los miraba como si hubiera perdido algo, como si estuviera a punto de pedir ayuda. Nadie la miraba a ella. Yo tampoco la miré. Pensé que si la miraba, me diria algo. Pero estaba hablando sola. Caminaba con la cartera bien pegada a su cuerpo, como si temiera que se la fuesen a robar.

“La gente anda con tanta prisa…Siempre andan con prisa…todo es prisa, prisa, prisa…Yo no sé cómo la gente puede vivir así…”-, decía, mientras se alejaba de mí y no podía seguir escuchando lo que decía.

El desorden de la ciudad, los bocinazos, la gente, la peste a comida y humo de pronto comenzaron a darme estrés, así que decidí caminar un par de cuadras para llegar a la orilla de la playa y sentir el viento en mi rostro y respirar el olor a salitre.

No pude evitar fijarme en el rótulo de uno de los edificios a mi izquierda, Nacar Tower Boutique Condominum. “Relocate to Urban Chic”. “The best residential Condominum in Miramar” Un exclusivo complejo de vivienda localizado en el corazón de Miramar. 19 Exclusivas residencias comenzando en los bajos $350,000.

Cruzando la calle de Nacar Tower el mejor “condominio residencial” de Miramar, un Corolla nuevo sin gomas montado en bloques me distrajo de todo el glamur descrito en el rótulo.

Camino al edificio de mi trabajo, el deambulante que está todo el día frente al restaurante La Hacienda estaba parado frente a frente a la pared con un vasito frente a su área genital. No lo miré mucho porque pensé que estaba orinando. Más adelante, una BMW fabulosa cruzó a su izquierda sin importar que una viejita con un carrito de compras intentaba cruzar la calle.

Miramar, Miramar…no puedo más que admirar tus matices de glamur, inhumanidad, descontrol e indiferencia.