I Fantasmas: I

Estaba cansada ya, desde hacía mucho tiempo, de la misma rutina. Luego de cepillarse los dientes, de tomarse una taza de café, de echarle agua a sus queridas flores de la jardinera, saludar a las orugas que se alimentaban de sus verdosas hojas, darle algo de comida a sus cuatro gatos persas, se sentaba en el balcón de su casa en un sillón, a coger fresco y a mirar hacia la nada. A recordar recuerdos no deseados. A lamentarse. A llorar. Incluso, a arrepentirse de lo que había vivido.

Lorna es una mujer extremadamente reservada. Daba gracias a Dios de no tener vecinos. Vivía en un campo, sola. Prefería estar en silencio, compartir su soledad y su sufrimiento exclusivamente con el tiempo. Después de todo, el tiempo pasaba, y no contaba los secretos de Lorna a nadie.

El viento que sentía en su rostro, la tranquilidad del campo, las nubes blancas, las aves que pasaban volando por el cielo, de alguna manera hacían caer a Lorna en un estado de melancolía, que detestaba, pero del cual estaba ya acostumbrada. Sin darse cuenta, una lágrima salió lentamente de su ojo, secándose a mitad de su mejilla.

-Es increíble que, luego de tantos años, todavía ese recuerdo me provoque lágrimas…- Se dijo.

Ya estaba acostumbrada a llorar por lo mismo. Pero estaba cansada de sufrir tanto. ¿Cómo se siente ser feliz? Era algo que quería experimentar. Algo que ya había experimentado, pero había olvidado totalmente.

Cuando único lograba sentirse feliz era en los fines de semana. Su hijo Eduardo estudiaba en la Universidad, donde se hospedaba. El era la luz de su vida, y, si no se había suicidado todavía, era por el amor tan grande que sentía por su único hijo. ¿Qué pensaría Eduardo de su madre si se entera que se suicidó? ¿Acaso no aparentaba ella ser una mujer totalmente feliz y tranquila, una mujer soltera, que vivía en el campo acompañada de una paz envidiada por los habitantes del área metropolitana? ¿Qué razón tendría una mujer así para quitarse la vida? Es obvio: No quiere vivir. Algo la agobia. Lorna no quería que su hijo pensara estas cosas. No quería que descubriera que su madre era una mujer amargada.

Pero, el amor hacia su hijo la obligaba a callar todo. No quería agobiar a su hijo con, como seguramente él diría, “problemas de una vieja menopáusica”. Callaba todo por la tranquilidad de él, sin pensar que, quizá, el desahogarse con alguien la haría sentir mejor. Nunca había considerado esa posibilidad. En ese instante, esa idea pasó por su mente.

-Eduardo jamás debe enterarse. He aparentado ser todo este tiempo lo que él cree que soy. No quiero empañar la imagen que tiene de la mujer que toma como ejemplo de superación en la vida.- Dijo en voz alta.

En ese momento uno de sus gatos caminó hacia ella, y brincó a su falda. Ella sonrió, y empezó a acariciarlo. Lentamente, éste buscó la comodidad en la falda de su ama, y poco a poco se quedó dormido.

Y así Lorna pasaba las horas en su casa, una maestra retirada, de unos 45 años. A pesar de tener esta edad, que nada tiene de vieja, se consideraba una vieja amargada e inútil, que sólo servía para sufrir y esconder cosas que no quería que nadie supiera.

Luego de una hora, puso al gato en el piso, donde sin vacilar, seguía dormido como si se le hubiera administrado un fuerte sedante. Abrió la puerta de la casa, y se dirigió hacia su cuarto. En su mesita de noche tenía varios marcos con fotos de ella en plena juventud. Incluso tenía la foto de escuela superior. Se sentó frente a la silla de la mesita, abrió la pequeña gaveta, y sacó una cajita cerrada. La colocó en la mesita y la abrió. De ella, empezó a sacar recortes viejos de periódicos, seguramente de hace unos veinte años, que hablaban sobre el asesinato de un joven abogado de renombre.

-Si me hubieras amado de verdad, si me hubieras tomado en serio, si hubieras sentido que mi amor por tí era genuino, verdadero, nada de esto hubiera pasado….-

Sintió que un carro había llegado. Conocía ya el ruido del motor. Era Eduardo. Guardó todo lo mas rápido que pudo, secó sus lágrimas, y se aseguró que no daba señales de que había llorado recientemente. Antes de salir, mirándose en el espejo, dio su mejor sonrisa, y salió a recibir a Eduardo, como lo hacía todos los viernes.


4 pensamientos en “I Fantasmas: I

  1. Punnetaaaaa, por fin!!!!! Chico, tienes un gran futuro en la narrativa. No me habia percatado que por fin habias posteado un cuento tuyo. Genial!! Mira si pones esa musa a trabajar mas a menudo. Un abrazo!!

  2. Por alguna razon siento q es mi historia! apesar de q tengo menos edad q Lornan! me gusto mucho y se me salieron las lagrimas! cuando saques un libro me gustaria comprarlo, y si tienes alguno me dejas saber… Te felicito

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