Mi pecado, mi cruz

(Esta es la 3ra parte de una serie de blogs titulados Dios y Yo. Encuentra la 1ra parte aqui, y la 2da aqui)

En la adolescencia fue cuando realmente comencé a sentirme sucio, pecador y culpable al darme cuenta que era homosexual. La Biblia habla sobre eso, dice que es abominación. Que un hombre no puede acostarse con otro hombre. Que un hombre que se acuesta con otro hombre no va a heredar el reino de los cielos. Cuando el pastor tocaba el tema los domingos, me sentía aludido, avergonzado, se me ponían las orejas calientes, sentía que hablaba sobre mí. Yo rogaba antes de llegar que no tocara el tema, que hablara de otra cosa. Aun cuando yo no había hecho nada malo.

Quizá aún estaba a tiempo. Sentía la inclinación, pero no había concretado nada, así que estaba bien. Aún podía casarme, tener hijos, una casa. Sí, eventualmente ese deseo carnal impuro desvanecería. Y claro, si me bautizo, más aún, ya que sería una nueva criatura en Cristo. Todos mis pecados permanecerían en las aguas bautismales y ese deseo inmundo, barbárico y abominable de acostarme con un hombre quedaría en el olvido.

Qué equivocado estaba. Por más que yo intentaba oprimir el deseo, no podía. Finalmente tuve que aceptar que no podía cambiar. Aun así me sentía culpable porque reconocía que la Biblia no hablaba bien sobre los homosexuales. Sabía que decía explícitamente que los hombres que se acuestan con hombres no heredarán el reino de los cielos. Sería una cruz que tenía que cargar siempre. Me veía en la obligación de escudriñar la Biblia para buscar incongruencias en los mismos versículos, buscar cosas que estaban mal hechas pero que los cristianos de ahora pasaban por alto por conveniencia. De esa manera buscaba justificarme. Yo no pedí ser así, yo nací así. Si Dios es perfecto, entonces cuando me hizo me pasó por alto o algo así. O mejor aún, si él es perfecto, entonces yo soy parte de su obra maestra y yo soy como debo ser, tal y como Él me planificó, así que yo estoy bien. Al menos eso me decía a mí mismo, para intentar justificarme y ponerme en perspectiva con todo lo que yo creía y lo que sentía.

Eso no quería decir que iba a dejar de escuchar comentarios crueles e inoportunos de parte de amistades y familiares. En la escuela, uno de mis compañeros pentecostales nos narraba  que si un hijo suyo le salía pato, le iba a caer a palos hasta que se le “fuera”. Otra de las compañeras, pentecostal también, decía que la única manera de explicar la homosexualidad era un demonio que se apoderaba de uno.

Confieso que gracias a ser homosexual fue que comienza mi búsqueda de incongruencias en la Biblia. Específicamente en el libro de Levítico que explícitamente ordena que no nos cortemos el cabello ni despuntar la barba. No podemos comer carne ni tocar cadáveres de animales impuros (como el cerdo). Tampoco podemos comer langostas ni camarones. Más absurdo aún, según ese mismo libro, no podemos usar ropa tejida con dos clases distintas de hilo. Así que los que usamos Polyester estamos jodíos también  bajo la misma lógica.

Así que lavé mi cerebro de tal manera que justificaba que mi manera de ser no estaba mal, porque entonces todos los demás estarían mal también. Lavé mi cerebro convenciéndome de que el hecho de que la Biblia describiera como abominación el que un hombre se acostara con otro hombre se basaba en meramente una opinión de la época, una necesidad para mantener la humanidad creciendo, ya que dos hombres o dos mujeres no pueden procrear. Lavé y lavé mi cerebro, y por momentos me sentía bien.

Pero era imposible poder lavar el cerebro de los demás.

Entonces la pregunta que me hacía cuando pequeño de pronto había adquirido una respuesta.  Qué había hecho yo mal? Qué pecado tan grande había cometido como para tener que arrepentirme y ser una nueva criatura? 

Ser gay. Ese era mi pecado. Ese sería el motivo de mi arrepentimiento. Pero si nadie se enteraba, quizá me podía salir con la mía. Me caso, tengo 3 hijos, compro una casa grande con jardín, dos perros, un gato, una Caravan con dos puertas laterales automáticas, y listo. La nena estará en un equipo de voleibol, y los nenes jugarán baloncesto y pelota. También estarán tomando clases de tae-kwon-do y defensa personal. Mientras llevo los nenes a las clases, su mamá estaría llevando a la nena a sus clases de ballet o belly dancing.

Sería el perfecto soccer dad.

Sería yo capaz de vivir escondiendo algo así, de vivir engañando a alguien por cumplir con un libro, con la sociedad, con el qué dirán?

Tenía que hacerlo. De lo contrario no heredaría el Reino de Dios.

Ir a la iglesia se estaba convirtiendo en un martirio. Ya no quería ir. Yo era diferente y no podía negarlo.